Reconstrucción de Santander

Reconstrucción de Santander

 

El 15 de Febrero del año 1941, y a raíz de un cortocircuito (aunque también se manejó la posibilidad de que fuese causado por una chimenea), el centro histórico de Santander fue devorado por las llamas, ayudadas por un viento que por momentos llegó a superar los 140 Km/h. Aunque se inició en la calle Cádiz, muy pronto alcanzó la catedral, situada en lo alto, la cual funcionó como foco difusor, afectando casi a la totalidad del espacio amurallado del siglo XVI.

La construcción en madera de esta zona histórica facilitó la propagación de las llamas, que llegaron a devorar 400 edificios, que ocupaban una superficie de 14 hectáreas, y entre los cuales se encontraban el 90% de los establecimientos comerciales, afectando también a la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, la antigua Casa Consistorial, la Iglesia de la Anunciación y el Palacio del Marqués de Villatorre. Con ello, más del 10% de la población sufrió directamente las consecuencias de una catástrofe que se cifró en más de 85 millones de pesetas de la época.

Mientras los bomberos se adentraban en la ciudad calcinada en busca del núcleo del incendio, al puerto llegaba el crucero Canarias, que aportaría víveres a la población. Tres días después del comienzo del incendio, la lluvia ayudaba a mitigar las llamas, pero no así el peligro de derrumbamientos, con lo que se dictó un decreto por el que se obligaba a todos los propietarios a reparar los tejados y salidas de humos de manera inmediata. Para ello, se incautaron tres tejeras y, quince días después de iniciado, se consideró extinguido el incendio.

El nuevo futuro urbanístico de la ciudad se deja en manos del Delegado especial del Gobierno para la Reconstrucción de Santander, cargo creado con este fin. Los solares vacíos fueron objeto de expropiación para poder ser concentrados, mientras la población afectada se dirigía principalmente hacia las áreas periféricas, lo que tendría como consecuencia el crecimiento de la ciudad hacia sus márgenes.

La reconstrucción se basó en los siguientes puntos, en su mayor parte de iniciativa privada:

  • Trazado del tranvía, el cual supera los problemas de las calles estrechas del antiguo casco histórico.
  • Trama octogonal, con incremento de la sección viaria en las zonas de mayor afluencia de tráfico.
  • Puesta en valor de los edificios religiosos.
  • Orientación comercial y de residencia de las clases sociales más acomodadas.
  • Un nuevo centro representativo de la ciudad, la Plaza Porticada, sede de algunos de los edificios más importantes de la ciudad.
  • Construcción de viviendas sociales (“casucas”), de baja calidad, subvencionadas por entidades benéficas, estatales o municipales. Aunque serían en una proporción menor al 50% de las viviendas para clases acomodadas.

En resumen, y como consecuencia de esta catástrofe y posterior reconstrucción de la ciudad, se puede afirmar que todo ello implicó un cambio en la concepción de Santander, tanto en lo referente a población como a morfología urbana.

+INFORMACIÓN: Reportaje TVE

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