Un material, una historia

 

Cuando en 1843 el hijo de Joseph William Aspdin mejoró el cemento Portland patentado por su padre, gracias a un procedimiento que hacía a este material más resistente a compresión, la evolución en el mundo de la Arquitectura y de la Construcción encontró el camino allanado.
Eusebi Güell, empresario y mecenas catalán, pretendió explorar las posibilidades de comerciar este nuevo material con la promoción de una nueva empresa en donde se fabricaría: así, en 1901 fundó la Compañía General de Asfaltos y Pórtland, SA (Asland), iniciando la construcción de la fábrica en Castellar de n’Hug, Cataluña, de la mano del genial Guastavino, que en aquellos momentos se encontrada en Estados Unidos.
Asesorado por el arquitecto, Güell se atrevió con un arriesgado diseño fabril: ¿cómo cubrir la totalidad del espacio donde se colocaba la maquinaria? La propuesta de las bóvedas tabicadas con mortero de cal que se apoyaban sobre una armadura de cubierta metálica ocuparon a los albañiles casi hasta 1904, año de inauguración de la nave. Eusebi Güell, gran admirador de Gaudí, le encargó a este la construcción de las viviendas de los ingenieros, completando el conjunto una iglesia de estilo pirenaico, la vivienda de los ejecutivos y una pequeña colonia para dar cobijo al resto de trabajadores.
La situación estratégica de la industria permitía obtener de los saltos del Llobregat el agua necesaria para la elaboración, y de las montañas cercanas la piedra caliza imprescindible para la fabricación del material, la cual tenía el porcentaje de arcilla ideal para la fabricación del cemento Portland. El carbón, indispensable para calcinar la piedra, se hallaría también en unas cercanas minas de carbón.
Una vez superadas las dificultades técnicas derivadas de la complejidad del acceso a la zona donde se implantaría la fábrica, y una vez puesta en marcha esta, el problema fue cómo trasladar el material fabricado hasta los diferentes puntos del mercado: en principio, un locomóvil que recorría una media de 4 km a la hora, transportaba el cemento hasta la estación del ferrocarril de Guardiola, aunque a partir de 1914 una red secundaria lo conectaría con esta, quedando toda la estructura unida en su totalidad a partir de 1923.
En la Exposición Universal de 1929, los pabellones se construyeron con este material, que aún a día de hoy sigue siendo el más utilizado en el ámbito de la obra pública y la construcción.
En 1975, la fábrica dejó de funcionar, convirtiéndose desde 2002 en el Museo del Cemento Asland de Castellar de n’Hug

 

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